Imagen hospital

Mi accidente

Hace años sufrí un accidente muy grave por culpa de un error médico. Me llamo Johnny Motera, y este blog versa sobre fitness, superación, y el día a día de mi estilo de vida, pero ya llegaré a ello, primero os explicaré mi historia.


El error médico

Imagen arteria

Arteria poplítea                (clic imagen)

Me sometí a una intervención de osteotomía programada y el cirujano me seccionó la arteria que está detrás de la rodilla, la arteria poplítea. Y ahí empezó mi historia: me cosió sin comprobar que todo fuera bien, y a los dos días me encontraba entre la vida y la muerte, no obstante, el problema fue mayor porque el médico aún no sabía qué me pasaba. El problema de los hospitales medianos, es que a veces, todo es mediano…

Ingresé crítico en el hospital provincial de Girona Josep Trueta. Allí por fin, me realizaron pruebas con la máquina eco-Doppler para determinar qué pasaba, no disponían de ella en el otro hospital, de haberla, o remitirme a tiempo, nada hubiera ocurrido. Todo mediano.


Días difíciles

Las pruebas no dejaban dudas, el cirujano me cortó la arteria. Así me lo explicó el especialista vascular con una cara de, madre mía lo que te han hecho, que asustaba, pero más la parte, tenemos que cortarte la pierna de urgencia porque has sufrido un síndrome compartimentalTenía necrosada parte de la musculatura y la arteria poplítea hecha trizas. Imposible reconstruir lo que no existía. Recuerdo que estuve a punto de echarme a reír de la puta locura. Era tan fuerte que mi celebro se desconectaba entre los sedantes y el mal rollo, era acojonante de verdad. Al filo del cuchillo sólo encuentras frío.

Me negué a gritos, y me plantearon un baipás de urgencia a primera hora de la mañana con todo el equipo reunido. Tratarían de hacer un parche, utilizar la vena safena de mi pierna izquierda, y empalmarla como sustituta de la poplítia de mi pierna derecha, y a ver qué pasaba. Tal cual. Al final del día todo salió bien. La vida no corría peligro, la pierna sí. La verdad que no recuerdo mucho de aquellas horas porque todo era locura. El dolor era brutal, se moría parte del tejido al no llegarle la sangre.


El atornillamiento

Así estaba el patio a mis 28 años, tumbado sin hacer nada, esperando cada día a las 8 con los ojos en punta a ver si amputaban por culpa de la necrosis. Durante todos esos días me atornillaban a consejos: la amputación es la mejor medida, para qué sufrir, aunque salves la pierna jamás volverás a caminar, y si lo haces, te dará más problemas que una pierna ortopédica, piensa que con las prótesis actuales puedes hasta correr. Ni sacado del puto infierno parecía todo aquello. Allí atrapado, sin poder esfumarme, y escuchando ruido.

Viví durante meses encerrado en aquél hospital, como en una pecera, libre pero encerrado, soñando salir de allí mientras miraba a través de los cristales de la ventana de mi habitación, completamente cerrada y bloqueada para que nadie pudiera tirarse desde ella, parecía Las Vegas. También me dejaban subir a la planta superior, donde los fumadores aún podíamos fumar, lugar idóneo para enseñarse las heridas; de vez en cuando, subía uno que entre caladas nos contaba que tenía cáncer de pulmón, el silencio y la reflexión destrozaba el ambiente, pero ya os hablaré en otro momento sobre el tabaco, y cómo conseguí dejarlo. Desde esa planta se veían entrar y salir a los sanos; soñaba con ver asomar por la entrada a mi perro; me escapaba en los coches que salían de la ciudad, me pasaba horas mirando aquél semáforo en el que tantas veces me había parado, como deseaba volver atrás para hacerlo mejor, aún me dan ganas de llorar pensando en qué estado me encontraba, no hay mayor soledad que la desesperación

Resección

Resección

Los días siguientes fueron la ostia, la necrosis volvió, otra vez había que operar de urgencias, resección del tejido necrótico me dijeron, además, dejarían el gemelo al aire libre para controlar mejor un posible brote necrótico. Estuve así durante semanas, con el gemelo a la vista, recuerdo cómo se movía, brutal, lo único que lo protegía eran las gasas y los kilos de pomada antibiótica verde que le echaban, se llamaba furacín. Me ataron la pierna a la camilla para que no la moviera. Locura.

 

Dormido de cintura para abajo, y el nervio ciático a su rollo, no se inmutaba a los calmantes. Empecé a perder la conciencia, y los médicos la paciencia, no sabían qué hacer para quitarme el dolor. Me querían ingresar en el psiquiátrico de Salt, decían que tenían tratamientos e instalaciones más ponderadas, no obstante, supongo que no dejar dormir al resto de pacientes durante tantos días, no iba muy a mi favor. Después de una semana apareció Dios, venía del Hospital Parc Taulí de Sabadell. Puso unas gotas en un vaso con gua, y empecé a llorar, aquella maravilla hizo desaparecer el dolor, pura magia. A veces me parece mentira que todos estudiemos de los mismos libros.

“No pretendo que la historia parezca graciosa, pero si la cuento de otro modo sería un mal rollo”.


Estuve en el hospital 3 meses y no sé el tiempo que hubiera estado más, porque en realidad salí de allí gracias a un virus hospitalario, pero no abundaré en ello porque es otra locura… 6 meses más tumbado sin moverme en casa, con los cuidados de un médico y una enfermera que venían un par de horas cada día para cuidar de mi pierna.


Vuelvo a caminar

Los años siguientes fueron otra lucha. La rehabilitación fue una auténtica pesadilla, pero ya hablaré de ello en otras entradas.

Tardé casi 5 años en caminar sin ningún tipo de ayuda, pero lo hice contra todo pronóstico. Me sometí a 11 operaciones, la última gracias al doctor Pedro Cavadas que fue la definitiva, hizo maravillas con la movilidad y la estética de mi pierna. No obstante, me vi forzado a retirarme de mi trabajo de policía local.

Gracias al fitness he podido acabar de recuperar parte de mi forma física. No puedo correr como antes, no obstante, puedo practicar la mayoría de ejercicios.

Siempre hay que luchar y escucharnos a nosotros mismos, a nuestra conciencia, lo demás es sólo ruido. 


¡Que nadie te diga lo que puedes hacer… el único límite lo estable tu mente!.


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